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Crisantemo, flor de otoño

De origen asiático, los crisantemos son unas flores cargadas de simbolismo, a las que comúnmente se les conoce como “flor de otoño”. Se trata de una especie tanto de interior como de exterior, que se cultiva fácilmente en ambos ambientes y cuyos cuidados no requieren grandes complicaciones.

Aprovecha esta época del año para sacar el máximo partido a estas bonitas y vistosas flores, siguiendo tan solo unos pequeños consejos. Hoy te contamos todo lo que necesitas saber sobre los crisantemos.

 

ORIGEN Y SIMBOLISMO DEL CRISANTEMO

Aunque este dato no está muy extendido, el crisantemo es una de las flores más antiguas jamás cultivadas. Perteneciente a la familia de las asteráceas, el crisantemo se plantaba ya hace más del 3.000 años en países asiáticos, primero en China y más tarde en Japón. Desde que empezó a extenderse por el continente, adquirió un gran y relevante simbolismo en la cultura asiática; de hecho, se sabe que en el país nipón fue adoptada como la flor del sello imperial. Esta flor fue introducida en Europa en el siglo XVII, donde adoptaron su nombre actual. Concretamente, la palabra ‘crisantemo’ significa “flor dorada” y proviene del griego ‘Chrysanthemum’.

Como hemos indicado, esta flor siempre ha estado vinculada a diferentes simbolismos, que varían en función de la zona geográfica. Por ejemplo, en Asia, representa la longevidad, la sabiduría y la delicadeza, por eso se ha convertido en el centro de muchos actos rituales. En algunos países de Centroamérica, sin embargo, está fuertemente vinculada con el amor y el enamoramiento, llegándose a regalar ramos de crisantemos a modo de declaración. En Europa, el crisantemo se conoce como “la flor del otoño” y ha estado siempre relacionada con la festividad del Día de todos los Santos.

 

SOBRE LOS CRISANTEMOS

Los crisantemos son populares por su gran valor ornamental, ya que aportan una floración muy vistosa. Se trata de una especie de flor muy versátil, ya que florece de forma muy diversa: podemos encontrar flores parecidas a las margaritas, otras con forma más ovalada o redondea, las hay de diferentes alturas y, además, tienen una amplia paleta de colores. Aparte del tradicional color amarillo, abundan los crisantemos blancos, morados y rojizos.

©Mike Peel/Wikimedia

De entre los que se utilizan para jardinería, se distinguen fundamentalmente dos tipos con floración otoñal: los crisantemos comunes, que son los provenientes de Asia, y los denominados “crisantemos de San Vicente”, que son los que se han extendido en occidente.

Los crisantemos comunes son los más grandes, tanto por altura de los tallos como por diámetro de las flores. En general, producen varias flores en cada tallo con forma plana o esférica. La variedad de colores es amplia, aunque las tonalidades más comunes son las amarillas, rojas y naranjas.

Los San Vicente florecen un mes antes que los crisantemos comunes. Son una versión más pequeña que los anteriores, pero producen un número de flores mucho mayor, motivo por el que resultan muchísimo más vistosas y alegres. A diferencia de la especie común, las flores tienen forma aplanada.

 

CULTIVO DE LOS CRISANTEMOS

Los crisantemos son sencillos de cultivar y se reproducen tanto por división de raíces, como por semillas y esquejes. Aunque pueden plantarse durante todo el año, es en la estación de otoño cuando más abundan ya que tardan, como mínimo, tres meses en crecer y muchos han sido plantados durante los meses de verano. A la hora de cultivarlos, debemos tener especial cuidado en elegir aquellos lugares de nuestro jardín que tengan un buen drenaje, con el fin de evitar que el agua se estanque, ahogando a las plantas y propiciando la aparición de hongos, sus principales enemigos.

 

CUIDADOS DE LOS CRISANTEMOS

©Kitsen/Dreamstime.com

Los crisantemos de interior necesitan mucha humedad en la tierra de la maceta, aunque evitando en todo momento encharcamientos. Es importante destacar que muchos de estos crisantemos, que ya han sido plantados en macetas y cuyo uso va a ser fundamentalmente de interior, han sido inducidos a un crecimiento menor en altura mediante algún tratamiento químico específico. Por ese motivo, no debemos preocuparnos en exceso si los primeros meses nuestros crisantemos apenas crecen. Si los regamos habitualmente y  evitamos colocarlos en estancias con corriente o donde haya poca luminosidad, podremos devolverlos a su ciclo de crecimiento habitual, y podremos disfrutar de sus hermosas flores.

Los crisantemos de exterior pueden llegar a tener una gran durabilidad si conseguimos protegerlos del frío y las heladas y le proporcionamos una exposición al sol moderada.

  • Podemos alargar su vida y potenciar aún más su vistosidad si utilizamos los fertilizantes y abonos adecuados. El mejor momento para aplicarlos es cuando las plantas están a punto de florecer y nunca cuando ya se hayan formado los brotes.
  • Aunque se trata de una flor muy resistente, es muy común que algunas de sus flores enfermen. Entre las enfermedades más comunes que afectan a sus flores, destacan unas manchas blanquecinas de aspecto aterciopelado en los pétalos y también unas ampollas de color marrón que aparecen en el revés de sus hojas. Es importante estar atentos, para ir retirando las hojas y las flores marchitas  y evitar, así, su contagio al resto.

 

M. Alonso

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