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Tanto si hemos comprado recientemente una casa nueva como si estamos considerando la posibilidad de redecorar la nuestra por completo o dar un toque diferente y personalizado a una estancia de nuestra vivienda, contratar un decorador es una opción que no debe desestimarse desde el principio. Los decoradores de interiores o interioristas son expertos que adaptan nuestras posibilidades, gustos y preferencias a nuestro espacio aportando, además de una visión profesional, una nueva perspectiva desde la que empezar a decorar nuestra hogar. Si además nos involucramos de lleno en el proyecto y conseguimos trasmitirle cómo es exactamente el ambiente que queremos dar a nuestro espacio, los resultados pueden ser extraordinarios.
DECORACIÓN DE INTERIORES, MÁS ALLÁ DE LA ESTÉTICA
Al contrario de lo que muchos puedan pensar, hablar de decorar una habitación no es referirse únicamente a cuestiones simplemente estéticas. Tradicionalmente se ha asociado la actividad de decorar con el arte o con el mero adorno, por el gran atractivo que el gusto de un buen decorador puede ofrecer a los hogares. Sin embargo, en los últimos años esta actividad ha comenzado a asociarse inevitablemente con la idea de funcionalidad, sin la que ya no sería posible referirse al término “decoración”. Cuando decoramos una habitación con un esquema previo de color, luz y mobiliario, teniendo en cuenta factores como los metros cuadrados, la altura de las paredes, la longitud de las ventanas, el tipo de suelo… no sólo estamos considerando cómo queremos engalanar esa estancia, sino también cómo sacar el mejor partido, aprovechando el mayor espacio posible para que cumpla perfectamente con sus funciones sin perder por ello el gusto estético.
¿POR QUÉ CONTRATAR A UN DECORADOR DE INTERIORES?
En el mismo momento en que decidimos decorar o cambiar la decoración de nuestra casa, comienza un proyecto repleto de tareas por hacer. No sólo tendremos que elegir y adquirir los muebles, la pintura o las alfombras, también querremos que todos los elementos estén integrados sin que haya discordancias, además de dar nuestro toque más personal. Sin saberlo, estamos decidiendo el ambiente que queremos darle a cada estancia, es decir, cómo queremos sentirnos cuando estemos dentro de ella y qué queremos transmitir al resto de las personas que puedan estar allí. Sin embargo, ya sea por falta de tiempo, motivación o simplemente por una cuestión económica, no siempre conseguimos traducir la teoría en práctica y es ahí donde entra la figura del decorador de interiores. Fundamentalmente, pueden ayudarnos en dos momentos diferentes:

Hogar nuevo
Al contratar un decorador de interiores, estamos contratando a un profesional con experiencia en diferentes estilos y ambientes. Cada persona es única, y por tanto cada casa también lo es y el decorador es un factor clave para optimizar espacio y tiempo. Emprender la tarea de decorar una vivienda empezando de cero requiere tener una gran visión general del proyecto. Adaptándose al presupuesto que hayamos acordado con él, será capaz de visualizar un resultado final en un cuarto vacío considerando todos los factores implicados en la decoración.
Redecoración
Trascurrido el tiempo, podemos llegar a plantearnos dar un nuevo aire a nuestra casa. Los estilos en decoración, al igual que sucede en otros campos como la moda o la tecnología, se renuevan cada temporada. Sin embargo, a veces puede resultarnos difícil imaginar ciertas estancias de nuestra vivienda decoradas de manera diferente a la que estamos habituados y es ahí donde entra en juego el decorador de interiores con su visión objetiva de cada espacio. Además, nos informará de las últimas tendencias en la materia, así como de nuevos colores, telas y muebles. Y si somos más ambiciosos y atrevidos, podrá incluso ayudarnos introducir, en función de nuestras preferencias y posibilidades, elementos de otros países para dar un toque étnico, exótico, cosmopolita...
TRABAJO CONJUNTO CON EL DECORADOR DE INTERIORES

Decidir contratar a un decorador de interiores, es asumir un gasto que debe ser considerado también como una inversión a largo plazo. Pero no por ello debemos creer que con exponer nuestros deseos y preferencias está todo hecho. A diferencia de lo que pueda parecer, es necesario concebir a estos profesionales como un socio, como una persona con la que vamos a trabajar en equipo en todas las etapas que puedan surgir. Es necesario que nos impliquemos en su trabajo y que, de alguna manera, intentemos estar presentes en todo el proceso para garantizar un resultado óptimo.
En un primer momento, nuestro decorador iniciará una proceso de ‘preguntas y respuestas’. Se trata de exponer la idea que tenemos en nuestra cabeza de forma clara y concisa, sin miedo a preguntar todas las dudas que puedan surgir. Es en este primer paso donde deben aclararse también los términos económicos: cuánto queremos gastarnos en cada elemento, en qué queremos invertir más o menos dinero, qué queremos aprovechar y qué queremos adquirir.
Después, en función de nuestras preferencias, el decorador introducirá sugerencias que pueden aportar ideas que todavía no nos habíamos planteado y que deberemos meditar y considerar. Es habitual recurrir a bocetos y fotografías de otros proyectos que nos hayan gustado o que el decorador haya podido realizar. Es importante tener claro este punto: un decorador nunca impondrá su propia visión ni decidirá por nosotros, sus funciones se desarrollan basándose en nuestros propios criterios y preferencias. A partir ahí, comienza un trabajo conjunto en el que pueden ir surgiend o nuevas ideas y conceptos a medida que vayamos avanzando en el proyecto. Precisamente por ello es importante no desentendernos de la actividad en ningún momento: nuestro gusto es insustituible.
M. Alonso
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